La sombra del guerrero

Atrás queda el guerrero y su campo de batalla yermo. Atrás quedan los intentos de justicia extrema. El mundo, con su sutil paciencia, prosigue su curso sin notar siquiera un rasguño por parte del impetuoso quijote; salvo aquel que otorga abismo a sí mismo.

Los gritos de los inocentes que clamaban equilibrio han cambiado, simplemente, de emisor; ya no son los mismos, sino otros, los que elevan la misma desesperación.

El invierno aparece de nuevo, completando otro ciclo más en el devenir. La vida se resguarda, al abrigo de la introspección. Los niños de la absurda humanidad sufren los reveses del desequilibrio; los reyes magos, poco mágicos, sólo reparten regalos en una única porción del mundo, comisionados por un consumismo que sustenta un difícil equilibrio. Ocultado, enmascarado, por unos que saben y se aprovechan, y por otros que, aún sabiendo, se dejan aprovechar.

Supongo que tendré que seguir buscando el cielo en otra parte, más allá de estos días.

El camino medio se torna estrecho. Apenas cabe uno mismo, y el precio a pagar es doloroso. Sus paredes son traslúcidas y se observa el vasto horizonte, con su monstruoso laberinto, engullendo a miríadas de almas que se dejan devorar. Como si, incluso, ese método fuera necesario ya que no logran encontrar el suyo propio.

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